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Los Colombianos gritamos a los cuatro vientos que la violencia que estamos viviendo, es el
producto de la pobreza, de hambre, de la falta de empleo y de las injusticias sociales.
Todo esto tiene mucho de cierto, pero hay otros factores, no menos importantes, que no
queremos decir por orgullo o por ignorancia, pero que de alguna manera intervienen en
nuestros problemas sociales en especial el conflicto colombiano.
Somos intolerantes y prevenidos ante nuestros compatriotas, sentimos envidia o repudio por el
comportamiento individual de cada ser humano, subestimamos sus valores culturales y ancestrales
según la región que habita cada individuo.
Los colombianos en términos generales nos miramos con recelo o deportivamente de
acuerdo a la región donde estemos ubicados en la zona colombiana, de la siguiente
manera:
NEGRO: Habitante paupérrimo de las costas Colombianas, hombre bruto, feo y peresozo.
INDIO: Salvaje ignorante, inculto, atrasado, malicioso y falso.
BLANCO: Rico, abusivo, acaparador y explotador.
PAISA: Negociante, vividor, tramposo, agresivo, autosuficiente y sobrador.
ROLO: Mestizo del altiplano, solapado, e hipócrita, que vive de la
corrupción política.
PASTUSO: individuo tonto y torpe, carente de entendederas, que todo lo entiende al
revés.
OPITA: Especie de pastuso del norte que, falto de inteligencia, sobrevive a base de
mansedumbres fingidas.
TOCHE: Santandereano altanero y grosero, incapaz de diálogo y comprensión,
que en lugar de dialogar agrede.
COSTEÑO: Holgazán, fiestero y supertisioso, que sobrevive a base de agorerías,
triquiñuelas y peculados.
CHOCUANO: Negro getellanta, indio crespo, que solo sirve para trabajar en los socavones
de las minas de oro o en el servicio doméstico.
CAMPESINO: sujeto ignorante, hambreado y pobre, que puebla los rincones del país.
SINDICALISTA: Proletario indolente que, escudado en los fueros laborales, obstaculiza el
trabajo y medra en provecho propio.
CLÉRIGO: Cura o monja retrógado que, al margen de los avances
científicos y las innovaciones culturales, sobrevive del usufruto de mitos y
superticiones.
POLÍTICO: Gamonal de provincia, experto en el arte de mentir y defraudar el erario,
valiéndose de peculados y privilegios de clase.
MILITAR: Soldado o policía de cualquier rango que, al servicio de los privilegiados
del establecimiento, hace violencia a nombre del poder y por delegación suya.
ABOGADO: Ladrón de oficio, prevalido de un título que los habilita para
cometer injusticias a nombre del estado.
ANCIANO: Vejete, estorbo, rabietas, cansona, persona que no produce, sólo genera
gastos.
NIÑO DE LA CALLE: Gamín, lacra social, mugre, mariguanero, atracador y
sacolero.
TRABAJADORA SEXUAL: Prostituta, degenerada, el sida en potencia, transmisora de
enfermedades venéreas, mujer de la vida fácil.
HOMOSEXUAL: Desviado sexual y social, fomentador de antivalores, degenarado, movimiento
depravado y anarquista.
Muchas de las anteriores premisas, se cumplen a cabalidad, pero toda regla tiene su
excepción y no se puede generalizar a priori el comportamiento humano.
Por lo tanto, es claro que un pueblo que se relaciona entre si, mirándose de esta
manera, tienen que estar todos los estratos y clases sociales embarcados en un conflicto
de violencia e intolerancia, generando el menosprecio y retaliación entre sus
mismos hermanos compatriotas.